Morcilla de Burgos
Croquetas
Cogollos de Tudela con anchoas o bonito
Platos
Cocido madrileño en puchero de barro
Cochinillo al horno
Bacalao con tomate
Postres
Buñuelos de manzana
Mousse de chocolate
Filloa con nata y chocolate
¿En qué consiste la Ruta del Cocido Madrileño?
Más de 30 restaurantes de reconocido prestigio de la Comunidad de Madrid participarán en esta primera ruta, para la que elaborarán, al menos una vez por semana, este popular y castizo plato.
Los clientes que degusten un cocido podrán ir sellando la cartilla que se entregará en los establecimientos participantes. Cuando consiga dos sellos, el cliente podrá depositar la cartilla sellada en la urna de uno de los restaurantes y entrar en el concurso de 50 cocidos madrileños y su peso en vino, aceite y garbanzos de Madrid. En la misma cartilla podrá votar al Mejor Cocido Madrileño, Mejor Presentación de Cocido, Mejor Cocido Tradicional, Mejor Cocido Vanguardista, Mejor Sopa, Mejores Viandas, Mejores Garbanzos, Mejores Verduras, Mejor Bola, así como al Premio de Honor y al Premio al Padrino y Madrina del cocido madrileño.

Hasta los monarcas más exigentes han sucumbido a los encantos de tan sabroso guiso. Y es que poca gente se resiste a un suculento cocido, regado con un buen vino y un pan recién hecho.
El cocido madrileño tiene su origen en la olla podrida. Este guiso al que ya se refería Cervantes en el Quijote («… aquel platonazo que está más adelante vahando me parece que es olla podrida, que por la diversidad de cosas que en tales ollas podridas hay, no podré dejar de topar con alguna que me sea de gusto y provecho…»), proviene de la época medieval, refiriéndose el término podrida o poderida a lo sustanciosa, contundente y alimenticia de sus poderosos ingredientes: la alubia roja y las carnes.
La olla podrida proviene a su vez de la adafina (de dafana: tapar), que era una judía que se preparaba los viernes para comer posteriormente el sábado, y respetar así el sabbat. Obviamente esta originaria receta Judía no contenía cerdo, siendo añadido el cerdo por cristianos y judios conversos. Se empezaron a añadir los productos porcinos en la época de la Inquisición. Con esto pretendían demostrar que eran cristianos, puesto que ni judíos ni musulmanes consumen cerdo.
Es un guiso apreciado y valorado por todas las clases sociales, aunque en algunos casos abunda más la carne que en otros. Carlos I y su hijo Felipe II eran grandes aficionados al cocido y en la época de Felipe III era un plato muy frecuente en la corte. Los Borbones gustaron también de tan nutritivo manjar, teniéndolo Fernando VI todo el año salvo los meses de verano. La infanta Isabel “La Chata” (hermana de Alfonso XII) era asidua de La Bola, donde disfrutaba de este plato cocinado según la tradición de la familia Verdasco.
